sábado

Click

Hoy me paso algo que venia esperando me pasara hacia mucho. Algunos lo llaman ‘’hacer un click’’ otros lo llaman ‘’iluminarce’’, yo no se que sea, si sera mistico o no, si sera una señal o no, pero me ayudo a darme cuenta de muchas cosas que estoy haciendo y que estan mal. En cierto modo aprendi un monton hoy, de un echo cotidiano al que nunca le había prestado atención.


En mi clase hay un chico que se llama Alejandro, supongo que el debe tener mi edad (algunos meses más, algunos meses menos). Ale debe tener los sueños de cualquier chico, quiza poder integrar parte de la selección de futbol, poder conocer a sus idolos, ser una estrella de rock talvez. Pero Ale es diferente del resto de los jovenes de mi edad, porque a el le toca vivir algo que muchos de nosotros no vivimos y dudo que tengamos que vivir alguna vez: Ale esta en silla de ruedas.

Nunca me había puesto a analizar lo que seria estar en la piel de ese chico, hasta el día de hoy. Yo estaba sentada en la entrada de la facultad, viendo la vida pasar como de costumbre, esperando que vinieran un grupo de amigas para que hablaramos, cuando un auto paro en la esquina. Yo estaba por decirle algo al señor que estacionaba de modo tan indevido, pero algo en mi interior me hizo callar la boca y observar la escena: El señor bajo muy apurado del auto, no se molesto en ponerle seguro a las puertas (cosa que con la inseguridad que hay hoy en día me llamo la atención), acto seguido entro corriendo por la puerta que estaba al lado mio y se perdio entre el mar de pasillos de la facultad.

Al rato, lo veo salir empujando la silla de ruedas de Ale (con el en ella, claro esta). Y comprendi que ese señor al que minutos antes mire de mal modo, era el papá de ese chico. Mire más atenta al hombre, me hundi en sus ojos, ¿Y saben que vi? Un padre que da la vida por su hijo, vi un ser hermoso, de luz, que todos los días deja lo que sea que este haciendo para ir a buscar a su retoño a la escuela.

Ayudo a que Ale se subiera al haciendo del acompañante y después fue a la parte de atrás del auto a guardar la silla, la plego con la habilidad que se adquiere con la costumbre, acomodo todos los seguros que había instalados en el baul para que todo estuviera en su lugar, rodeo el auto, se sento al lado de su hijo y puso el auto en marcha.

Yo me quede ahí sentada, mirando a donde minutos antes había estado el auto. Mi mente estaba pensando en tantas cosas, pero la pregunta que se resaltaba del resto era: ¿Qué sueños tendra Ale?. Seguro los de cualquier chico de nuestra edad, pero dada su condición, supongo que para él soñar debe ser doloroso, porque sabe que hay sueños que tal vez nunca llegue a concretar, porque un medico oportunista le robo esa oportunidad un par de años atrás.

Y les juro que decee con todo el corazon que Alejandro tuviera una oportunidad de ser como el resto, quize por un momento prestarle mis piernas, para que aunque fuera por un partido pudiera saber lo que es jugar al futbol. O que pudiera saber lo que es caminar desde su casa a un kiosco sin tener que depender de nadie.

Fue en ese momento en que me di cuenta que me amargo la vida por cosas que no tienen sentido. Yo estaba ahí como una tonta pensando: ¿Las chicas me perdonaran?. Cuando Ale seguramente piensa todos los días y a todas horas: ¿Cuándo volvere a caminar?.

Note que soy una boba, haciendome problema por cosas que solas se arreglan. Entonces llegue a una conclusión, no se si este bien o mal, pero a mi me parece una buena filosofia de vida: No preocuparme por cosas superfluas. Porque con vivir ya tenemos demaciados problemas como para ir sumandole preocupaciones triviales que se pueden evitar.

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