domingo

16/01/2011: ¿Queres saber como se siente? Así se siente.-

La segunda semana de noviembre del 2010 decidí que me iba a morir. La sensación de saber que tenés los días contados, que dentro de poco todo se va a terminar y tu existencia se va a limitar solamente a ser un fantasma, un recuerdo entre la gente que te amo, es inexplicable. El hecho de saber que tu vida fue fugaz, como una estrella que no llego a nacer pero ya murió es lo peor que hay.
Mientras tu plan va tomando forma, comenzas a despedirte de la gente que te rodea de un modo tasito, ellos no saben el significado real que hay detrás de tus palabras, ellos no saben que ese te quiero que les decís, o ese chau es lo último que van a resivir de vos, no tienen idea de que detrás de algo tan habitual se esconde un plan oscuro, una necesidad de morirse increíble.
Lo siguiente que haces es elaborar una lista de mental de aquellas cosas que tenes que hacer antes de acabar con todo, algo así como asuntos que no te pueden quedar pendientes, pero claro, con dieciséis años no hay mucho por planear, la lista es casi nula, no hay muchas cosas que tengas que decir, o hacer.
Decidí que iba a dejar cartas de despedida, esa noche escribí la primera, era dirigida a mis padres y mis hermanos. La parte más difícil de dejar todo, era dejarlos a ellos, que tanto me dieron, que se desvivian por mí, que hacían cualquier cosa a favor de verme feliz. Aveces, al pensar en ellos tenía una punzada de ... ¿Arrepentimiento? No sé, era algo raro, por un lado estaba segura de mi decisión, estaba completamente dispuesta a quitarme la vida, pero no quería que ellos sufrieran las consecuencias de ese acto, no quería causarles dolor, sin embargo sabía que eso era imposible, dolor les iba a causar.
Todas las noches en silencio, cuando todos dormían lloraba. Lloraba porque iba a morirme, porque por más que buscara no había razones para no hacerlo. Me lamentaba de que mi plan fuera a dar resultado, de que no había otra forma de superar las cosas, o al menos yo lo sentía de ese modo en ese momento. Un hola me hubiera salvado, y sin embargo esa noche no hubo holas.
Si algo esa noche hubiera sido diferente, si las cosas no se hubieran ordenado de ese modo, quizá no estaría escribiendo esto, quizá seguiría con todos mis problemas pero sin la experiencia de haber acariciado la cara de la muerte.
Así fue como esa noche mire todas las pastillas que había podido recaudar. Pastillas que sirven para hacer que la gente se sienta bien, y que a mí esa noche, con suerte me iban a causar el efecto contrario, eran un arma de doble filo.
No puedo describir lo que se siente salir a caminar por la calle, tu última caminata antes del gran paso, te cruzas con gente que no sospecha que esa persona que les pasa por al lado, en unos minutos va a ser un fantasma. Y en un punto sentís lástima por ellos, porque se van a despertar al otro día, van a seguir luchando, perdiendo y ganando batallas, mientras que vos vas a estar en quién sabe donde.
Lo intente, esa noche, ese 10 de diciembre lo intente. Dios envió un ángel que lo evito, y le estoy agradecida por ello. No me arrepiento de lo que hice, me sirvió para aprender, madurar, entender tantas cosas.
Me sentía fea, fuera de forma, llena de prejuicios, me gastaba las horas buscándome defectos, privandome de cosas, solamente para ser como la sociedad me decía que fuera. Luego de quererme morir y fracasar, entendí que la vida pasa por otro lado, que todo es demaciado corto, y que no sabes cuando puede acabar todo, por lo tanto, por más que seas de tal o cuál forma, tenes que seguir, peliarla, porque ahora estas, pero en el segundo próximo no sabes.
Sí, admito que esta entrada es particularmente oscura, pero quizá si estas pensando en hacer lo que yo hice, podes pensarlo un poco más, replantearte ciertos aspectos de tu vida. Sé que nada de lo que te digan te puede hacer cambiar de opinión, pero sí puede hacerte pensar mejor las cosas.
Aprovecha la vida, es corta y hermosa.

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