domingo

01/07/2012: El circulo de la muerte (3)

 Cuando ambos conocieron a Francesca nunca sospecharon que sus vidas iban a ser cambiadas para siempre. Algo en esa mujer los había privado de la cordura desde el primer momento en que ingresó al salón de clase.
 Todo en ella era provocadoramente cautivador, sus faldas cortas, sus escotes que prometian llevar a cualquiera a la gloria, sus labios carentes de color, sus ojos verdes fríos y calculadores, su cabello cobrizo minado de rulos infinitos. Quien la viera por primera vez posiblemente pudiera confundirla con una diosa salida de algún libro.
Pero no, ella era real, estaba allí presente, frente a ellos, preguntandoles si podía sentarse a su lado. Al principio ninguno de los dos supo como actuar, ellos no eran el tipo de chicos al cual las chicas bonitas les dirijieran la palabra, a menudo fantaseaban con ese momento, pero nunca llegaba. Ahora ella estaba allí, parada con una sonrisa en su cara que podría iluminar la habitación entera.
 Así fue como nació la peculiar amistad. Todos los días compartian juntos todo el tiempo posible, debatiendo sobre autores, intercambiando ideas, conociendose, amandose. Con el correr de los meses los tres notaron que no llevaban una simple amistad, eran algo más. Ambos amigos aceptaron compartir y repartir el amor de Francesca. Y así fue como surgió el amorio secreto entre los tres.
 Ella era una amante perfecta, sabía donde tocarlos para hacerlos gritar de placer, sabía como dividirse entre ambos para que ninguno nunca sintiera su ausencia. Compartian todo, no había secretos.
 La idea llegó una noche cuando los tres yacian placidamente en la cama, Francesca se puso de pie y mirandolos muy seriamente les entrego un sobre a cada uno. Les explico que no podía continuar en este mundo por mucho más tiempo porque no era feliz. Les dijo que ellos eran lo mejor que le había pasado y que por eso necesitaba que ellos le demostraran cuanto la amaban. Luego dio media vuelta y se fue.
 Encontraron su cuerpo sin vida dos días después, completamente desnudo, rodeado de pastillas dentro de la bañera de su departamento.
 Los jovenes al abrir las cartas encontraron una lista de personas con sus respectivas direcciones y formas de suicidio. En las cartas Francesca explicaba que esas personas habían sido las responsables de su muerte, y que ahora ellos debían morir, claro está que como ella ya no podía matarlos, era el deber de sus amantes hacerlo, por ella, para demostrarle cuanto la amaban.
 Los jovenes nunca discutieron sobre las listas, si lo hubieran echo hubieran descubierto el juego macabro que la mujer había planeado para ellos. En la lista de cada uno, al final, figuraba el nombre del otro.
 Así comenzaron a llevar a cabo la masacre ordenada por su amada, siempre discretos, cuidando cada detalle. Lo que no sabían es que uno de ellos estaba más dispuesto a matar que el otro, y eso mismo fue lo que acabo con uno de los jovenes esa noche.
 Luego de asesinar a su compañero, Lisandro volvió a su casa feliz, había cumplido con la última voluntad de su amada, ahora podía dormir en paz sabiendo que le había demostrado cuanto la amaba.
 Tomo un baño caliente y se acosto a dormir. Lo desperto a la mañana siguiente el timbre de la puerta, al atender se encontró con el cartero que venía a traerle una carta. Lo sorprendió ver en el sobre la firma de su amada.
 Cerro la puerta tras de si y abrió el sobre, casi rompiendolo en su totalidad. Leyo la carta una y otra vez, sin poder creer lo que sus ojos leian. Con pesar dejo el papel sobre la mesa, abrió la ventana y salto. La muerte fue inmediata.
 En el papel se podía leer escrito en rojo: ''Gracias por elegir por mí, sabía que nunca tendrías el valor de permitir que Tomás siguiera con vida. Ahora estamos juntos en algún lugar, lejos de tí. Hiciste más fácil mi decisión. Como me dijiste una vez, tres son multitud.''

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