miércoles

26/09/12: El síndrome del príncipe azul


‘’Las relaciones, o mejor dicho, el enamoramiento te dura, como mucho, tres años’’ – dijo una de las amigas de mi mamá desde el otro lado de la mesa, y me negué a creerlo.
Hoy, algún tiempo después, tengo que decir que coincido con ella, el enamoramiento nos dura poco, y no se debe a una maldición, maña suerte, etc. La razón de que esto pase es mucho más simple: el príncipe azul. Tranquilos, no me volví loca, esto tiene fundamento psicológico.
Los seres humanos, desde nuestra infancia, consiente e inconscientemente nos formamos una ‘’imagen’’ mental de nuestro príncipe o princesa, en esta persona ideal volcamos todo lo que buscamos o deseamos en alguien.
Al conocer a un ser humano real, nos ‘’cegamos’’ a contemplar a la persona tal cual es y la dotamos de atributos que nosotros mismos imaginamos, esta es la etapa que del enamoramiento que en psicología se denomina ‘’etapa del príncipe/princesa azul’’.
Con el correr del tiempo sufrimos un ‘’desengaño’’ en el cual empezamos a ver que la persona que tenemos al lado tiene defectos, y no es como nosotros la idealizamos, esa persona no se ajusta a nuestras expectativas. Esta es la fase más difícil de superar, porque es la que requiere dejar de proyectar lo que queremos que la persona sea y empezar a asumir lo que en verdad es.
Es común que si una relación no pasa de esta etapa, le echemos la culpa al otro, diciéndonos que nos ‘’engaño’’ vendiéndonos algo que  en realidad no es. Es posible que esto sea así, pero lo que es más posible todavía es que nosotros, en nuestra cabeza, hallamos puesto atributos que esa persona nunca dijo o demostró tener.
La otra persona no tuvo la culpa, fuimos nosotros los que no supimos discernir entre nuestras expectativas y la realidad. ¿Es justo culpar a alguien por no ser nuestro sueño echo carne y hueso? ¿Es justo poner en los hombros de alguien esa carga? No, no lo es.
Ojo, con esto no digo que no tengamos pretensiones y que estemos  con cualquiera, sino que nos invito (me incluyo) a separar lo que es humanamente posible de los que son cuentos de hadas.
Ahí afuera hay una persona especial para cada uno, solamente hay que saber buscar y ser pacientes, porque todo tiene su tiempo para ser. 

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