viernes

02/11/2012: La decadencia del ángel negro

El pincel recorría el fino lienzo con pasión, nunca en su vida había sentido tal fervor al pintar, estaba casi poseído, preso de una fuerza superior. Los rojos sangrientos se mezclaban con los angelicales blancos, las caras de sufrimiento contrastaban con las de dicha, en el centro de la escena se veía a un hombre colgando de una cruz, agonizante, su cuerpo mutilado por latigazos, su cara magullada por culpa de una corona de espinas, pero lo que más llamaba la atención eran los ojos de aquel mártir, refulgentes, llenos de indulgencia, ojos que gritaban bondad e inocencia. 
El artista seguía poseído, las pinceladas eran cada vez más violentas, azotaba el cuadro con cada trazo. Detrás de él se hallaba el ángel, sentado apaciblemente en una silla del derruido apartamento, sonreía de placer. Había hecho antes tratos con pobres infelices que, incapaces de hacer algo por ellos mismos, recurrían a su ayuda por medio de plegarias y sacrificios, pero nadie era como ese joven que pintaba desnudo frente a el. 
Por lo general, la gente que recurría a él lo hacía buscando fortuna, venganza o el amor de alguna dama que ignoraba por completo su existencia, sin embargo ese hermoso chico había pedido algo mucho más simple y a la vez complejo, un cuadro. Al principio el ángel se mostro reticente, ''¿Un cuadro?'', preguntó con incredulidad. ''Si, estuviste en el momento de la crucifixión, ¿Verdad?'', el ángel meneo la cabeza en señal afirmativa, ''Entonces quiero que pintes un cuadro que la represente con exactitud, es lo único que deseo''. 
El ángel, sorprendido, acepto el trato. La sola idea de saber que iba a poseer el alma de aquel peculiar humano lo excitaba. Necesitaba alguien como él en su colección, un espécimen único, valioso. 
Ahora lo miraba encantado, viendo como el chico se movía con libertad y exactitud por la tela, creando una imagen perfecta, exacta, hermosa. Sin dudas había sido el mejor trato que había hecho en toda su existencia. El joven de volteo y lo miro feliz, había terminado el cuadro. El ángel se quedo petrificado, era sin dudas una obra de arte.
Saco con pesar su cuchilla, y miro a aquel humano que por dos horas lo había mantenido cautivado, lo abrazo y con algo similar a la pena, lo acuchillo. De la herida no emano sangre, sino algo similar a un humo blanco, era el alma del hombre. La encerró en un pequeño frasco de colores. Una lágrima rodo por su mejilla, supo desde ese momento, que ese insignificante humano, le había robado algo importante: la divinidad.
Podía verla ahora plasmada en aquel lienzo. Ya nunca volvería a ser un ángel de Satanás, ahora era simplemente otro humano, frágil, estúpido y mortal.

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