sábado

24/10/12: La amante

Era inútil creer que iba a encontrar algo en aquella casa vacía  Durante años había hecho una y otra vez el mismo monótono trayecto desde el trabajo hasta la vivencia esperando que al llegar las paredes se sintieran menos frías, el lugar menos muerto, el tiempo menos congelado, pero al llegar todo seguía igual.
Recorrió con los ojos abnegados en lagrimas cada milímetro de la habitación, ya no podía seguir fingiendo que su alma no estaba rota. Tomo el viejo álbum de fotos que tanto había visto, ya conocía cada imagen de memoria, cada sonrisa, cada mirada, cada gesto de amor. Amor que le había sido arrebatado hacia mucho tiempo.
Se sentó en la única silla que quedaba en pie, perdida en la nada. Lo imagino allí, tendido en la cama, rodeado por las sábanas como si fueran un halo de luz. Estaba tan hermoso que dolía. Imagino como recorría su tibia piel con la yema de los dedos, pero esos dedos níveos ya no eran los suyos. Imagino como con los labios lo besaba, el contacto de sus lenguas, casi eléctrico  Pero ya no era ella quien lo besaba, los gemidos de placer arrancados pertenecían a otra.
Aquella extraña, de la que solo conocía el dorado color de sus cabellos, la tonalidad topacea de sus enormes ojos, la blancura inmaculada de su perfecta piel, que bajo el sol parecía terciopelo. Aquella figura exquisita que había sabido conquistarlo, aquellas pestañas kilométricas que lo habían enamorado cada día, aquellos senos firmes, que había cautivado cada uno de sus deseos.
Admiraba a esa mujer, porque ella era ahora poseedora de la persona que más había amado en toda su vida. Ansiaba con fervor poder posar aunque fuera por un segundo posar su boca en aquellas manos de muñeca, poder sentirlas, adorarlas, por brindarle felicidad al objeto de su felicidad.
Esa mujer, más diosa que humana. Esa, la que, con un gesto inocente, le había arrebatado todo dejo de felicidad, aquella, por la que ahora su vida se veía reducida a piltrafas. Quería odiarla, y no podía. ¿Cómo poder cuando el era tan feliz? No. Era imposible. Si el era feliz, entonces, ella, la mujer abandonada, la amante sufriente, callaría los quejidos de dolor, ahogaría las pesadillas y les desearía lo mejor, porque mientras en los labios de el, hubiera una sonrisa, en su alma, había otra.

2 comentarios:

  1. "...porque mientras en los labios de el, hubiera una sonrisa, en su alma, había otra."
    Precioso. Nada más... Saludos! :3

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    1. Me colma de alegría el saber que te gusto!

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