lunes

29/04/13: La verdad más grandiosa de todas.


El diablo danza entre los árboles, se funde con el viento. Una brisa me toca la mejilla, siento su ardiente tacto, cierro los ojos. Es todo lo que nunca debí haber deseado, pero allí está, o mejor dicho, aquí estoy yo, en su mundo, en su espacio. El infierno no es como nos lo vendieron, el infierno no arde, es frío, no tiene colores, no tiene vida.
Un cuervo se posa en mi hombro, se deleita con mi perplejidad por un segundo que bien pudo haber sido una eternidad. Luego, me susurra al odio frases suicidas sin sentido y se lanza a volar. Se pierde en el gris del cielo, se va, me abandona. Y las palabras siguen sin tener sentido.
Un zorro se recuesta sobre mis sangrantes pies, me mira directamente a los ojos, penetrando en mi alma, puedo sentir su cola suave comprimirme el corazón. Aprieta con delicadeza y decisión. Caigo al suelo. Lanza una risotada y me abandona. Se extingue en una nube de cenizas. Me abandona.
Una sanguijuela trepa lentamente por mi brazo, su contacto frío con mi piel hace que esta se erice. Con su diminuta lengua me recorre, luego, hunde sus dientes en mí y bebe de mi líquido vital. Toma de mi lo que necesita, me mira complacida. Se deja caer sobre el muerto césped y desaparece. Me abandona.
Un hombre aparece a lo lejos, en sus ojos hay una mirada perturbadora, quiere algo de mí, se lo que viene a buscar. Me arroja al suelo, las enredaderas me sofocan, no me puedo mover. Desliza la mano bajo mi falda, toma mi virginidad. Me dedica un largo suspiro, se levanta, se da media vuelta. Me abandona.
Me levanto, camino desorientada por ese tétrico lugar. Las lágrimas hacen su esperada aparición acariciando mi sucia cara. Las dejó libres, ellas también tienen derecho a abandonarme, después de todo, los demás tomaron de mi cuanto desearon y se fueron. ¿Por qué ellas no han de hacerlo también?
Me dejo caer sobre un arroyo. No es profundo, y extrañamente el agua está cálida. Cierro los ojos. Me dejo ir.
Una suave piel me despierta, es blanca como la nieve, parece terciopelo. Siento la calidez de aquel ser invadirme, aún más que la del agua. Un oso polar me tiene envuelta entre sus patas. Me sonríe. Con su lengua limpia mi cara, se siente casi como un beso. Me abrazo a él. Me siento segura.
Me abraza. No, no lo estoy imaginando, es real. Por primera vez, en aquel hostil mundo, alguien es bueno conmigo. Cierro los ojos e inhalo para sentir su aroma, mezcla de flores y césped. Quiero recordarlo por siempre.
‘’No vas a necesitar esos recuerdos’’ – Dice en mi mente – ‘’Nunca te voy a abandonar’’.
Lo miro. Es todo lo que puedo hacer.
‘’Todos tomaron algo de ti, algo que no te pertenecía.’’
Intento hablar, pero mi voz está muerta. Me limito a mirarlo interrogante.
‘’El cuervo lleno tus oídos con frases que no necesitabas, con promesas de un mundo que nunca iba a darte. El no deseaba tu bienestar. Te confundió, y se marchó.
 El zorro toco tu corazón, lo hizo sangrar. No deseaba tu amor, solo quería tus lágrimas.
La sanguijuela te uso para mantenerse con vida, mientras succiono tu sangre te hizo sentir útil. Luego te desecho, fuiste su almuerzo y nada más.
Y finalmente el hombre, tomo lo más preciado para ti, y se marchó, sin decir porque.
Todos ellos corrompieron tu alma, te debilitaron. Pero yo, yo te quiero de verdad. Te preguntaras entonces porque no te salve de tanto dolor, la respuesta sigue siendo la misma, porque te quiero.
El dolor es parte de la vida, perder cosas, ir dejando en el camino partes nuestras, partes realmente importantes.
Esto nos lleva a tener que estar recreándonos todo el tiempo, y cuando finalmente llegamos  a ser lo que debemos ser, cuando estamos aptos para el alma del mundo, ella pone frente a nosotros un lugar seguro al que ir.
Yo soy tu lugar seguro. El dolor acabo. La soledad ya no existe.’’
Me entrego una caja, con incredulidad la abrí.
Allí estaban, mi corazón, mi virginidad, mi sangre, mi seguridad.
No importa cuántas personas deshagan nuestra alma, al final del camino siempre encontraremos a quien nos sepa devolver todas esas cosas que fuimos perdiendo y cuando encontramos  a ese ser… Estaremos en presencia de la fuerza más grande y antigua de todas: el amor.

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