miércoles

Giulia - capítulo 1

Despidió a la guapa modelo con un leve beso en la mejilla. Si bien la joven era excitante y osada, Carlos ya no estaba interesado en ella, como era normal, a la tercera vez de llevarla a la cama perdía el interés. Todas eran iguales, hermosas, con unos cuerpos que harían que el corazón de cualquier hombre se acelere, pero insulsas, tan sumidas en su propia vanidad que no sabían como hacer a un hombre gozar.
Cerro la puerta con cierta irritación y se recostó en el diván del lobby, ahí iba una docena de rosas que debía enviar a alguna suite en señal de discupas y marcando el final de una efimera relación. Tomo su celular y le marco a su secretaría, Rita, una mujer de 60 años que ya había vivido suficiente de la vida como para no sorprenderse por algo, esta contestó al tercer timbre.
''Rita, necesito que le envíes una docena de rosas rojas a la señorita Villegas, anexa también una nota de disculpas, diciendo algo cursi que la haga sentir un poco mejor''. Dicho esto colgó el teléfono y cerró los ojos por un segundo. El sonido del aparato lo quito de su breve lapso de descanso, irritado miro la pantalla: ''número privado''.
Al atender, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, la voz que tanto había esperado oír, finalmente se comunicaba con él.
A su mente vino inmediatamente la imagen de quien le estaba hablando: esas piernas que parecían infinitas, esos pechos jóvenes y firmes, esa cara celestial enmarcada por unos rizos dorados que le llegaban a la cintura. Esa joven en particular, le había robado el sueño desde aquel primer encuentro en la agencia de modelos, y desde ese momento, sólo había querido cumplir su fantasía de llevársela a la cama.
Sonrió al confirmar sus sospechas de que esa noche, finalmente iba a concretar sus sueños. La despampanante rubia había aceptado por fin su propuesta, ella había entendido que los favores, no llegan solos, y que la fama tiene un precio.
Carlos se puso de pie y comenzó a arreglar todo el encuentro, mando a buscar el mejor vino, lleno la casa de pétalos de rosas, y armo la cama con sus mejores y más costosas sábanas. Ese encuentro debía ser perfecto.
Dejo todo listo, y repaso mentalmente una y otra vez todos los detalles, en busca de algún error u algo que hiciera que la chica, súbitamente pudiera negarse, aunque sabía muy bien que eso nunca ocurría.
El timbre sonó a las 19:59.
 Carlos corrió como si fuera un pequeño aguardando la llegada de alguien importante, quito el seguro con entusiasmo y abrió la puerta de un tiron. Ahí estaba Giulia.
Llevaba un vestido de cuero rojo que llegaba justo debajo de sus muslos, el cabello estaba suelto, agitado por el viento, y en su cara, como era habitual, solo llevaba un rimel delicado, para darle énfasis a sus enormes ojos verdes. Toda ella era una obra arte.
La joven no dejo que Carlos hablara, se abalanzó sobre él y comenzó a besarlo, el hombre lentamente fue entregándose, perdiendo la cordura ante tan apasionados besos. Giulia no era como ninguna mujer que hubiera conocido, ella era única en todos los sentidos.
Las manos de Carlos se apresuraron a bajar la cremallera del vestido de la joven, y con un rápido movimiento la dejo desnuda. Estaba extasiado por el espectáculo. El cuerpo de la chica era un templo a la perfección.
Giulia comenzó a descender por el cuello de él, trazando arabescos con su lengua. Cada vez que el hombre dejaba escapar un leve gemido, ella se apartaba, lo miraba y esperaba a que Carlos suplicara por más, entonces sonreía y volvía a comenzar. El hombre estaba sumido en tal estado de extasy, que no sintió la daga que se hundió con furia en el centro de su pecho.
La joven se puso en pie, y observo como la sangre brotaba del cuerpo de Carlos, que poco a poco se quedaba sin vida. Sonreía de placer ante tal espectáculo. Amaba ver como sus victimas, tan inocentes, se quedaban sin vida, mientras ella, se llenaba de placer.
Se volvió a poner el vestido y se sentó sobre el vientre del hombre, que aun respiraba. Con una de sus delicadas manos, tomo la daga y hundió más, mucho más, luego la quito, acto seguido, metió la mano en el orificio y muy suavemente fue abriendo la carne hasta abrirse paso al corazón. Gimió de placer al hallarlo aun latiente. Con un agil moviento lo arrancó.
Lo observo por un segundo, y comenzó a succionar la sangre que aun quedaba en él. Sus ojos, antes verdes, ahora eran negros como la noche. Al oír el ruido de un auto se puso en pie, algo frustrada por no poder disfrutar de aquella golosina. Con cuidado, guardo el corazón en una cartera de cuero que encontró sobre la mesa, y sin pensarlo dos veces,  salto por la ventana, perdiéndose en la espesura de la noche.
Aguardo en el bosque hasta oír las sirenas de la policía, era obvio que alguien había encontrado la macabra escena.
Giulia sonrío para sus adentros y echo a caminar, mientras cantaba una y otra vez esa canción que le había enseñado sus maestro en aquellas hermosas noches de baile en el infierno.

5 comentarios:

  1. esto es una mezcla extraña entre novela de de las 2 p.m. para señoras viejas y crepúsculo, creeme, mezclar todo eso nunca deja nada bueno..
    ah, y deberías esforzarte un poco más en la redacción.

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  2. Cambia el tipo de letra esta es un pinchila!

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  3. Very nice, to emotive, i cry everytim

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  4. Bastante intrigante, va me deja con varias dudas :D

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  5. Yo la sigo Lou. E invité a la gente que sigue a Guillermo Alejandro a hacer lo mismo. De verdad que está buena.

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