miércoles

12/03/2014: La vida antes de Giulia

 Ella
Las gotas de lluvia se estrellaban contra el gélido cristal que la mantenía apartada del mundo, el sonido era letal, cortante, un presagio de lo que pronto ella experimentaría en carne propia, el final era inminente, no había forma de volver el tiempo atrás, no había posibilidad de regresar a esa noche de enero y evitar el error que marcaría su vida por siempre.
 En el medio de la noche una vez más le llegaron las tan repetidas palabras de su madre, tanto habían sonado ya en su mente que se habían vuelto mecánicas, ya no tenían rasgo alguno de humanidad, no reflejaban el tono de voz de su dueña, eran solo un triste recordatorio del precio que tuvo su estupidez.
 Un golpe en la puerta le anuncio que su verdugo estaba allí, listo para llevársela, para arrancarle la vida de un tirón. No se resistió cuando sus manos la tomaron y la arrojaron sobre la sucia cama, no grito ni dijo nada cuando ese hombre separo sus piernas y la penetro con brutalidad. ¿Qué sentido tenía? Ella ya no estaba más allí, su cuerpo ya no le pertenecía, ya no era una persona, todo lo que alguna vez había sido se lo habían arrancando con la primera violación.
 Aguardo hasta que ese asqueroso animal acabara de saciar todas sus necesidades, acto seguido se puso en pie y lo siguió a través del pasillo, el empedrado del suelo le desgarraba la piel, con cada paso dejaba una huella de sangre tras ella, pero la joven ya no podía sentir el dolor, estaba más allá de eso. El hombre la tomo del brazo y la arrojo dentro de la habitación.
 El olor que emanaba de los cadáveres en putrefacción le lleno los pulmones y la hizo vomitar, un espasmo tras otro vaciaron lentamente el escaso contenido de su estomago. La audiencia aguardo fascinándose al ver el sufrimiento de esa mujer, estaba extasiada, tenían sed de muerte, deseaban verla agonizar, sufrir, y finalmente observar el macabro milagro de la muerte.
 Miro a los ojos del hombre que llevaría a cabo su asesinato, por primera vez en meses un fuego extraño se encendió en ella, ese hombre le daba asco, lo odiaba, mil cosas pasaron por su mente y poco a poco un idea fue carcomiendo su mente hasta que la ocupo por completo: no iba a morir ese día, no era su hora de irse y menos en manos de ese cerdo. Se puso en pie, y con toda la fuerza que había escondido durante meses, lo golpeo.
 El hombre no esperaba que la joven lo golpeara con tanta fuerza y acabo rodando por el piso, al tiempo que su cabeza rebotaba en el empedrado como si fuera una pelota de goma. Una sonrisa cruzo su boca y sin mirar atrás echo a correr, hacía el medio de la nada. No sabía a donde iba, si llegaría lejos, pero algo dentro de sí le decía que tenía que correr, alejarse de todas esas personas.
 Encontró una ventana al final del pasillo y la atravesó, fue demasiado tarde cuando se dio cuenta que lo que había tras ella era un vació, al caer en el agua el frío de esta se hundió en su piel como afiladas espadas, dejándola inmóvil. El aire se le escapo de los pulmones y ya nada podía hacer cuando se dio cuenta de que se estaba ahogando, el agua la llevaba hacía abajo, la arrastraba a las profundidades de un mundo que no conocía, de algo nuevo.
 Su corazón se detuvo. Y luego llego la nada.

El
 En medio de la oscuridad se incorporó bruscamente, la sintió en el instante mismo en que entró en el agua, con atención escucho cada uno de sus latidos, palpandolos con la mente como si fueran propios, aguardando el momento en que estos cesaran, el punto justo en que el alma comenzara a despegarse del cuerpo. Cuando estos se perdieron en la negrura del agua helada, supo que la joven estaba lista.
 Con la velocidad de un rayo cruzo el espacio que separaba el castillo del implacable océano, rompió la ventana de cristal en mil pedazos y se sumergió en el letal agua sin dudarlo. Solo le tomo un segundo que sus ojos se adaptaran a la falta de luz, la vio suspendida en la nada, hermosa, con sus cabellos enmarcando su marfilea y perfecta cara. Se apresuro a tomarla entre sus brazos para sacarla de allí y llevarla a la playa.
 Al verla a la luz de la luna se sorprendió aun más de la belleza de esa muchacha, pero no dejo que esto lo distrajera, tenía un trabajo por terminar. Era consciente que solo le quedaban algunos minutos antes que el éter que emanaba de su aura se perdiera en el alma del mundo para siempre. Con suavidad la recostó sobre la arena, tomo su cabeza y con un moviemiento casi imperceptible desgarro la frente de la chica. Los recuerdos invadieron la mente del creador, uno por uno fue robandolos para si mismo, ahora esa mujer no sería nadie, no recordaría, no entendería, sería un ente que viviría sólo para él.
 Dejo que su éter fluyera libremente en ambos cuerpos, poco a poco la lleno de vida al tiempo que el se llenaba con los recuerdos de ella, sintió su dolor, vivió el martirio de los últimos meses, revivió una y otra vez la cara de cada uno de los torturadores de la chica.
 El joven se fundió con ella, por un instante fue ella, podrían haber pasado unos segundas o una vida, daba igual, el era un ser atemporal, no conocía de tiempo, no comprendía de años, meses o segundos, para el solo existía la energía.
 Finalmente se aparto de esa fascinante mujer, seguro de que su misión estaba casi completa, se sentó a su lado en la orilla de aquella amarga y triste playa. Dejo que sus pensamientos corrieran en libertad mientras el viento jugaba con su alborotado cabello rizado. Sonrió al pensar que si fuera humano en ese momento estaría temblando de frío, pero ya no lo era y a duras penas recordaba como había sido su vida anterior. Lo único que veia nítido en su pasado era su nombre, pero ya ni siquiera eso seguía siendo igual.
 ''Ignacio'' escribió en la arena e intento buscar dentro de si mismo que quedaba de esa identidad, ¿Quién era? fue el interrogante que golpeo su mente, pero no encontró respuesta alguna. Algún tiempo atrás un creador había robado sus recuerdos, o al menos los más importantes, porque su nombre era lo único que no le habían arrancado. Años después entendió lo grave de dejar a un envase con datos de su vida humana, con el tiempo estos se volvían rebeldes y comenzaban a pensar por si mismos, se convencian de que había una verdad en el mundo a la cual ellos tenían el derecho de accesar y se volvían casi incontrolables, justo como le había pasado a él.
Algo corto el hilo de sus pensamientos, la chica a su lado había dejado escapar un gemido. Su trabajo estaba hecho, un nuevo mandaleb había llegado al mundo.
La joven abrió los ojos al nuevo mundo del que ahora era parte y ya nada fue igual.

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