jueves

13/03/2014: El limbo entre lo que era y lo que será

Abrió los ojos y los clavo en el cielo, todo parecía igual, pero al mismo tiempo algo había cambiado, podía sentirlo, el cielo se veía más nítido, más lejano y más etéreo. Los sonidos se sentían más fuertes, como si sus oídos estuvieran captando ahora hasta el más ínfimo pedazo de naturaleza. Lo que más le llamó la atención fue el calor que sintió cerca suyo, entonces lo recordó.
Giro la cabeza hacía un costado, y allí estaba él, la persona de sus recuerdos, el responsable de que ella un estuviera con vida, no lograba comprender como había llegado hasta allí, pero tampoco le importaba, sólo sabía que a el le debía su vida. Los ojos de el estaban fijos en ella, la estudiaban, como si algún suceso importante estuviera a punto de ocurrir.
 La chica se llevo una mano a la cabeza y gimoteo al sentir el corte que las rocas le habían causado, sintió la humedad producida por el liquido que emaba de ellos, se miro las manos con terror al sentir el aroma de su propia sangre. Luego poso los ojos en aquel extraño, intento hablar, pero no pudo, una leve punzada de dolor comenzó a aflorar en sus entrañas.
Como si el hubiera podido percibir esto, se puso de pie y le dio la espalda. ''Estarás bien'' - fueron sus únicas palabras. Acto seguido se incorporo y echo a caminar, como si tuviera que estar en cualquier lugar menos allí, dejando a la joven tirada agonizante en el suelo.
El joven tembló de dolor al oír los gritos de ella, allí a lo lejos, pero no volvió a ayudarla. ''Es un largo camino que debemos transitar solos'' - dijo para si - ''Sufrir, morir, renacer...''.
El ardor que invadió la piel de la chica era inaguantable, sentía como las llamas del fuego la tomaban con fuerza y le arrancaban aullidos agónicos. Intento aislar su mente de la realidad, pero no pudo, el dolor era demasiado real, pensó que cualquier cosa era mejor que eso, rogó por estar muerta, o estar en manos de sus captores, ya nada le importaba, sólo quería que el dolor se fuera. Alzo las manos intentando extinguir el fuego, pero se sorprendió al ver que tal fuego no existía, estaba dentro de ella, pero no era visible, lo sentía consumirla pero no estaba allí, era todo un juego de  su mente, un engaño cruel.
Finalmente la tortura llegó a su fin, la joven yacía inerte en el suelo con los ojos fijos en el cielo, carentes de vida, todo en su ser estaba completamente en silencio, casi en armonía.
En la atmósfera reinaba una paz perturbante. Un cuervo se poso sobre el brazo de la joven y comenzó a arrancarle la carne, pero ella no se movió, la sangre teñía la arena otorgándole un hermoso tono carmesí.
Un grupo de jóvenes se acerco, por el elevado tono de sus voces se podía notar que estaban ebrios. Al verla allí, tirada en la arena se les ocurrió que sería genial abusar de ella, después de todo, no muy seguido se veía a una bella mujer inerte en una playa tan alejada de la ciudad. Primer error.
Entre bromas y risas le arrancaron la ropa y al ver sus exquisitas curvas se excitación aumento, de pronto ya no eran humanos, eran animales, llenos de un atípico deseo sexual. Querían unirse a ella, fundirse en sus carnes, hacerse uno con su alma. Segundo error. Ella ya no tenía alma.
El dolor provocado por el sexo de uno de los jóvenes al penetrarla encendió en ella una vida oculta. Sintió el asco, la vergüenza y luego el odio de antaño. Odiaba a ese joven, odiaba a sus captores, odiaba al chico de la playa. En su mente apareció con nitidez la necesidad de defenderse, de atacar, de matar. Su boca se preparó para saborear la sangre de aquellos chicos. Ya nunca más iba a ser la pobre joven a la cual los hombres pudieran abusar, ella ahora era fuego, y como tal iba a consumir todo a su paso.
Un rayo de sangre quebró la noche. Los jóvenes nunca pudieron siquiera imaginar que paso, pues antes de reaccionar sus cuerpos estaban apilados en la arena diseccionados y la joven estaba a unos metro de ellos, riendo histericamente y saboreando el sabor extraño y adictivo de la sangre. Cuando finalmente se sintió satisfecha con su pequeña obra de arte, camino hacía el mar y se introdujo en él.
El agua que antes le había parecido helada, ahora era tibia, suave, casi como una caricia para su cansado corazón. Cerro los ojos por un minuto y así la encontró el Gaia, así fue su primer encuentro con el alma del mundo y en ese momento exacto, con una pila de cadáveres detrás, fue como se entero que ya no era humana, sino más bien, que ahora era una creadora.
¿Creadora de qué? Ni ella lo sabía aun.

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