miércoles

19/03/2014: Coma

La veo ahí, arrullada por el ruido del viento entre las rocas. Dormida placidamente, quieta, casi congelada. Esta suspendida en el tiempo, perdida en algún mundo apartado de esta realidad, para ella no existe nada más que aquello que vive en su cabeza. Me detengo por un instante a contemplar cada facción de su cara, es tan hermosa, su nariz perfecta, sus pómulos marcados pero a la vez suaves, sus labios, ¿cómo describirlos? Son el sueño de cualquier escultor. Todo en esa mujer irradia belleza, incluso ahora, rodeada de aparatos, se ve como si fuera un ángel.
Me atrevo a cruzar el umbral de la puerta, sabiendo que si alguien me ve allí posiblemente me vayan a reprender, pero no me interesa, no puedo separar mis ojos de ella, simplemente estoy atrapado dentro de esa joven. Me separan dos pasos de poder tocarla, una distancia que parece fácil de romper, pero que se siente imposible en ese momento. Sé que por más que la toque, ella nunca sabrá que estuve ahí, ella no va a sentir el calor de mi tacto, ella jamas recordará mi voz.
Tomo uno de sus dorados mechones de cabello y jugueteo con él, es tan sedoso. No puedo resistir la tentación y beso aquella boca. Como era de esperar nada pasa, ella sigue suspendida en alguna parte y yo sigo allí, inmóvil, escudriñando su cara en busca de algún cambio.
¿Por qué la vida es tan cruel? Esa mujer, con toda su vida por delante esta postrada en una cama, alejada del mundo, apartada de su vida cotidiana, y yo, un viejo al borde del final simplemente estoy contando las horas para morir.
Si tan sólo pudiera hablar con Dios, le pediría que cambie nuestros lugares, que le de a ella mi vida, la poca que me queda, pero que le permita abrir los ojos sólo una vez más, para que vea el mundo que la rodea, para que sienta por última vez el calor de la primavera, o el frío del invierno.
Algo ocurre, un leve gemido, ella se mueve. Me froto los ojos, no creo que eso este ocurriendo, ella no puede despertar, los médicos dijeron que era definitivo.
Pero ahí esta, despierta, clavando sus enormes ojos verdes en mi atónita cara. Deja escapar un grito agudo al notar que mi mano aun sigue en su cara, no puedo creerlo, ella está acá, ahora, en este mundo, esta despierta, y me esta mirando.
Intento disculparme, pero las palabras no salen de mi boca, intento hacerle señas con mis manos, pero estas simplemente no están allí. No entiendo que pasa. Puedo verla, puedo oírla, pero es como si yo estuviera en algún otro lado, lejos, pero a la vez cerca.
Veo entrar a los médicos, desesperados, casi tan aturdidos como yo. Ellos tampoco saben que paso, los escucho decir que estoy en coma, casi puedo palpar su preocupación.
La joven sigue mirando la escena, como si no diera crédito a sus ojos, luego, observando con amor mi cuerpo inerte, deja escapar la palabra más bella del mundo, aquella que repara mi alma y me hace entender que mi sacrificio, dio resultado.
Al borde de las lágrimas ella me da las gracias.

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