viernes

04/04/2014: No te cortes

¿Cuándo empecé a cortarme? Cuando tenía unos trece años, al comienzo quería ser vista, quería que nadie me ignorara, y realmente creí que si veían las marcas, finalmente acabarían por prestarme atención y darse cuenta de lo mucho que estaba sufriendo.
Eso nunca paso.
Pero no me importo, un tiempo después descubrí que cortarme era una buena forma de que el dolor se fuera lejos. El hecho de verme sangrar durante horas o el sentir el ardor de las heridas, incluso el picason que producían estas al sanar era una señal de que estaba viva.
El tiempo paso, fui creciendo, y los problemas fueron creciendo más, también lo hizo la profundidad de mis heridas, hasta que finalmente toque fondo, era consiente de que estaba a una cortada de provocarme un daño irreparable, sabía que estaba llegando a mi límite, era ahora, hablar o quedarme callada para siempre.
Y me quede callada, me corte tan profundo que pude sentir mi músculo abrirse. Pero no sentí dolor, estaba feliz, era como si todo lo que llevaba adentro finalmente estuviera saliendo para afuera, junto con la sangre, que salia a montones.
En medio de todo ese macabro espectáculo, me di cuenta que no me quería morir, que pese a todo quería estar viva, quería seguir adelante, no sé como, pero que quería hacerlo. Desesperada me arrastre por el suelo del baño y agarre la primer toalla que encontré. El torniquete que me hice fue tan fuerte que me dejo un círculo morado alrededor del brazo, que todavía, aun hoy, sigo teniéndolo.
Desde luego no fui al médico, no quería que mi mamá se entere. ¿Cómo le explicaba que esto no era por su culpa? ¿Cómo liberaba 6 años de cortes en unos pocos instantes? No, simplemente me quede acostada en el suelo del baño, dejando el agua de la ducha correr. Podría haberme desangrado, pero no paso, la herida simplemente dejo de sangrar, como si fuera una señal.
Aun hoy me duele, es un recordatorio constante de que no importa que pase de ahora en adelante, no tengo que cortarme. Ya es demasiado doloroso que el mundo nos lastime, lo último que necesitamos es lastimarnos nosotros también.

Si estas deprimido, sintiéndote solo, abatido. Si sentís que tu vida ya no tiene sentido, o si simplemente las ganas de morir te pueden, no te queres callado, busca ayuda!
A veces parece que no podemos hablar de ciertas cosas con nuestros padres, porque ellos no lo van a entender, y es posible que así sea, en mi caso estaba todo en mi cabeza, al otro día de haberme cortado, en medio de una crisis emocional le conté todo a mi mamá, hasta le mostré mis heridas, esas que con tanto esmero había cubierto. ¿Saben qué hizo? Las beso, busco las cosas necesarias para curarme y se encargo de ellas. Lo hizo tan llena de amor, que todavía hoy al recordarlo se me escapan lágrimas de amor.
Mi mamá, esa que siempre me retaba, me gritaba y que yo creía no me entendía estaba ahí, mirándome con nada más que amor, curando las heridas que yo me había provocado. Ella estaba conmigo, dandome la mano e invitando al pasado a retirase.
Por eso, desde lo más profundo de mi ser, les ruego, no se corten.
Sé que no es fácil, todavía intento romper con el habito, pero no es imposible, sólo se necesita un poco de amor.

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