jueves

24/04/14: Todo termina

Tome su mano y caminamos hacía la sombra de la muerte, dejamos atrás aquel pasillo mugriento que a lo largo de tantas noches nos había refugiado, poco a poco nos fuimos adentrando en las entrañas de ese infierno que tan de cerca conocíamos.
Un frasco de metanfetaminas en su mano, una botella de agua en la otra, representaban todas nuestras pertenencias en ese momento, nuestros 20 años se veían resumido a aquellos dos objetos. Es un poco triste, si uno se detiene a pensarlo, pero en aquel entonces no había nada por meditar o considerar, lo que íbamos a hacer estaba por demás de claro.
Bese sus labios, pese a la postura fría y evasiva que el llevaba adoptada hace algún tiempo, pude sentir retazos de aquel tibio amor que en algún momento del pasado fue parte de nuestras vidas, solo que ahora estaba muy esfumado y prostituido como para mantenernos a flote.
''Hay una posibilidad de que mi corazón se detenga, no creo que me de cuenta si eso pasa, pero espero que tomes aquel último soplo que salga de él y lo guardes, va a ser lo único que tengas de mi'' - le dije mirándolo fijo a los ojos. Aquellos lagos azules que fueron mi perdición desde el primer día. ¿Cómo pude hacerlos llorar tantas veces? No importaba ahora realmente, sólo quería abandonar mi cuerpo por unos minutos, quizá por un par de horas.
''Cuando te vayas me voy a derrumbar, todo lo que tengo es lo que se va a ir con vos esta noche'' - me dijo el casi suplicante. Sonreí casi con una ironía palpable, es gracioso como algunas personas esperan el final para demostrar algo de interés, pues eso en realidad nunca importa, porque a todo le llega su final, es parte de este viaje.
''Perdiste el tiempo jugando con mi corazón, ahora mismo te estas quemando, pero es tarde, yo me estoy cayendo y vos venís conmigo'' - le dije fríamente al tiempo que le arrebataba los cristales de la mano y echaba a andar hacía el baño. No me detuve a mirar hacía atrás, no hacía falta, sabía que ahí, parado frente a la puerta estaba el amor de mi vida, la razón por la cual mi corazón no se detuvo antes. Deje que las lágrimas se suicidaran sobre mis labios, ya no era necesario fingir ser fuerte, al menos en el final me debía el ser honesta conmigo misma.
Me introduje con cuidado en uno de los habitáculos del baño, cerré la puerta y comencé a quemar los cristales al tiempo que el humo violaba mi cuerpo como un demonio envuelto en furia. Lo hizo, mi corazón se detuvo, no soporto tanta porquería adueñándose de él.
Antes de morir, lo último que escuche fue su llanto al otro lado de la puerta, y lo que fue más impactante, las palabras por las que esperé años enteros. Allí, en ese sucio suelo vomitado, arrodillado estaba el, la razón de todo esto, gritando que me amaba.
Mi suicidio, fue feliz.

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