viernes

16/05/2014: Joanna

Corrían los años treinta, una época de crisis y wisky, ambos en igual medida. El humo del tabaco de mezclaba con el aroma embriagador de las bebidas que allí se servían, la música parecía cubrir cada ínfimo espacio del lugar. Todo en aquel viejo cabaret estaba rodeado de un halo de misterio y sensualidad totalmente indescriptibles.
En el escenario, expuesta como el diamante del lugar se encontraba ella: Joanna, tan bella como peligrosa, tan sensual como maligna. La joven hacía que incluso el corazón de las mujeres se acelerara, ella con su aura de sexualidad llevaba a cualquier ser humano al extremo mismo de la locura, allí donde la pasión y los peores deseos se unen para formar un único destino, uno que desde luego no puede acabar bien.
Al otro lado del lugar se encontraba el, un joven sumamente viril. Si el diablo hubiera tenido forma humana, sin dudas habría sido ese hombre. En ese mismo momento se encontraba posado sobre la barra, un el humo sucio de un habano barato bailaba en torno a su boca haciéndolo ver sumamente atractivo, tanto que encendía los deseos más intimos de todo aquel que posara su vista por más de un minuto.
Ambos, Joanna y aquel extraño eran la pareja diabólica perfecta. Ella tan bella, tan cargada de energía, tan llena de vida y el tan extraño y sádico. De esa pareja no se podía esperar nada bueno, todos en aquel lugar sabían que era cuestión de tiempo antes de que todo ese halo de perversidad que los envolvía se viera desatado causando una tragedia.
Ella se bajo del escenario luego de hacer su número habitual de baile y el sin importarle quien mirara la tomo del brazo, de una forma casi violenta y le susurro al oído: ''quiero hacer cosas realmente malas contigo''. En respuesta la joven poso sus hipnóticos ojos verdes en la entrepierna de aquel Adonis, no hicieron falta más palabras, y de hecho no las hubo, ambos conocían el destino de aquel encuentro.
La negrura de la noche fue testigo del acto más bello e infame que cometieron aquellos dos cuerpos. La lengua de Joanna recorría una y otra vez el cuello de Roberto, subiendo y bajando de una forma casi frenética, al mismo tiempo que las manos de el no dejaban un rincón de ella sin tomar. Ambos estaban tan absortos el uno en el que otro que nunca se percataron de que no eran los únicos con oscuros deseos allí.
El la penetraba en una forma salvaje, casi animal, mientras ella gritaba una y otra vez envuelta en el más obsceno placer. Roberto mordía con brutalidad los pezones de la joven, a tal punto que los hacía sangrar, pero a ella no le importaba, el dolor era algo que le parecía sumamente necesario a la hora de disfrutar del placer del cuerpo de su amante.
Eran uno solo, una bestia, un demonio, eran la representación de todos aquellos oscuros deseos que acaban con la muerte. Eran dos amantes obcenos muriendo lentamente en la noche. Dos demonios bebiendo el uno del otro. Joanna y Roberto eran todo lo que estaba mal, todo lo que los pastores repudiaban, eran el sueño del infierno y la pesadilla del paraíso.
El observador estaba allí, oculto dentro del ropero de la mujer, espectante, agonizando con cada segundo que pasaba y se daba cuenta de que su dulce muñeca, no era otra cosa sino la amante del diablo en persona. Hugo no resistía verla entregando toda su integridad a aquel bastardo, que al despuntar el alba la abandonaría sólo para irse a meter en la cama de alguna otra fulana.
Joanna, el amor de su vida, la razón de su existencia se encontraba allí, yaciendo entre orgasmos en los brazos de otro hombre. El estaba a punto de estallar en una ira asesina incontrolable, lo sabía, podía sentir arder las palmas de sus manos, estaba listo para atacar al hombre que le estaba robando al objeto de su adoración, pero nada de eso paso, porque en el momento en que el iba a saltar y cometer aquel terrible acto los ojos verdes de Joanna se posaron en los suyos. El hombre se quedo totalmente petrificado.
Ella sabía que el estaba ahí, lo supo todo el tiempo, la joven estaba disfrutando de la agonía de su enamorado, el extasy de los amantes era el saber que mientras ellos gozaban de tal impúdico acto, el corazón de alguien más se partia en pedazos. El hombre no podía moverse, entendió demasiado tarde por donde iba la cosa, cuando reacciono el amante de su bello ángel de la muerte lo sostenía de las manos.
La mujer se puso de pie, dejando ver a la luz de la luna que se filtraba por la ventana su increíble anatomía. Aquellos senos firmes, níveos. Aquellas caderas anchas, aptas para cargar con una vida. Y su boca, objeto de deseo de todo hombre que pudiera observarla.
Joanna se aproximo al hombre que se encontraba reducido en manos de su amante, se arrodillo frente a el y le dedico su más sádica sonrisa, acto seguido lo beso, allí frente al hombre que le había estado haciendo el amor hasta hacía menos de diez minutos. No fue un beso inocente, todo lo contrario, estaba cargado de sexualidad, placer y sobre todo, maldad.
Roberto le dio una daga y la joven le lanzó una mirada llena de complicidad. Tomo el arma y con una frialdad que haría sentir orgulloso a cualquier asesino en serie le dijo claramente al pobre hombre: ''tu viaje se termina acá, pero no te preocupes, tu sangre va a estar en todo mi cuerpo''.
El viril amante arrastro a quien iba a ser sacrificado hasta una tina de cerámica blanca. Lo introdujo dentro y se aseguro de impedir cualquier tipo de movimiento, Joanna, aún en completa desnudez siguió a ambos hombres hasta el lugar, una vez allí tiro levemente hacía atrás la cabeza de quien iba a ser su sacrificio, con un limpio corte abrió la garganta de este y dejo que lentamente se fuera desangrando dentro de la bañera. Mientras esto ocurría ella besaba a su amante, otra vez los invadió el deseo, estaban listos para hacer el amor de nuevo, y eso hicieron.
Ambos quitaron el cadáver de aquel baño de sangre y se introdujeron en la tina, comenzaron a besarse con pasión al tiempo que se bañaban en aquel deleitante liquido carmesí. Era como si estuvieran poseídos, simplemente no estaban dentro de sus cuerpos aquella noche. El la besaba con brutalidad, la golpeaba, la mordía, la hacía sangrar. Al mismo tiempo ella lo cortaba una y otra vez con la daga.
Finalmente llegaron al extasy, ambos gritaron al unisono, fundiéndose con el infierno. Esa noche Joanna y Roberto vivieron su primera noche con Satanás. En presencia de aquella luna plateada, nació la pareja de asesinos más sádica y maligna que fuera a ver esa época.

2 comentarios:

  1. na época de crisis y wisky, ambos en igual medida.

    Muy bueno! Saludos!

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  2. Whoa, genial.

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