lunes

Divagación: IV

Y se le fue la vida en esperarla, poco a poco sus ojos fueron perdiendo ese brillo tan particular que había sabido romper algunos corazones, el cabello se le tiño de gris y su mente se lleno de recuerdos. Nada en su persona era actual o vivía en el presente, porque desde que ella se había ido sus días simplemente se congelaron en esperarla. El sabía que de alguna forma y en algún momento su amada iba a retonar, y estaba dispuesto a observar como su vida se iba mientras lo hacía.
Pero ella no iba a volver, estaba muy lejos de aquel lugar y de aquella persona. Ahora su vida se basaba en asistir a eventos sociales y caminar de la mano de su esposo. Ella no sabía que al otro lado del océano había una persona que todos los días desde el despuntar del alba iba a la playa a esperarla. La mujer que consumía la vida de otro hombre a miles de kilómetros hacía tiempo se había resignado a ser infeliz viviendo con alguien a quien nunca iba a poder siquiera querer. Su vida era una mentira y ella era consiente de esto, pero se sentía muy cansada como para poder romper con ella.
Ambos, en extremos opuestos del planeta morían a causar de amor... O desamor. Ambos esperaban cosas que no iban a pasar a menos que intentaran buscarlas, ambos se esperaban, pero nunca, jamás se buscaron.

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