viernes

21/11/14: Kalista

El ignoto estaba parado en el medio del callejón, la luna revelaba parcialmente algunos de sus rasgos más importantes, en otro momento quizá eso lo hubiera perturbado, pero ahora mismo sólo podía pensar en la hermosa joven que tenía frente a el. La chica lo miraba fijo con sus enormes ojos azules, podía leerse en la expresión de su cara que estaba totalmente aterrorizada, ella quería salir corriendo, pero sabía que hacerlo le hubiera costado la vida.
El hombre camino unos pocos pasos en dirección a su próxima víctima, no tenía sentido retrasar más el momento de placer, quería hacerlo ahora mismo, no podía esperar más tiempo. Saco el cuchillo que llevaba estrategicamente escondido en la parte interna de su campera y miro con malicia a la adolescente que ahora lloraba histéricamente. Le dijo que se diera vuelta y se recostara en el frío empedrado del suelo. Luego de que ella cumpliera sus ordenes el le vendó los ojos, si bien ella podría haber reconocido su cara en cualquier lugar, el objetivo de tal acto no era evitar que la víctima conociera su identidad, sino más bien evitar que ella pudiera ver algo más antes de morir.
Coloco el arma cortante cerca del cuello de la chica, que en este punto ya había aceptado su destino y se encontraba en un estado similar a la paz. Hundió el filo profundamente y dejo escapar un gemido de placer al sentir el contacto con la sangre. Todo en ese acto lo llevaba al máximo estado de extasy posible, nada en toda su vida lo había hecho sentir tan vivo. Estaba tan concentrado en lo que estaba haciendo que nunca noto la niebla extraña que comenzó a rodearlo todo.
El espíritu lo observaba desde las sombras, había acudido allí al oír las plegarias de la chica y estaba dispuesto a vengarse de aquel abominable ser. Con cautela y sigilo se dedico a estudiar cada movimiento del hombre, dejando que llevara a cabo de su sádico plan.
Cuando el ignoto se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo fue demasiado tarde, un rayo de sangre quebró la noche. Un grito ahogado sofoco el silencio de aquella madrugada de verano. El hombre cayó al piso totalmente desangrado, no tuvo ni siquiera la posibilidad de defenderse, o salir corriendo, nunca supo que fue lo que le paso. Lo que si sabía es que ahora estaba ligado a su asesina por siempre, porque eso es lo que hacían los espíritus de venganza luego de llevar a cabo sus planes: tomaban el alma de aquellos a quienes habían matado y la obligaban a vivir para toda la eternidad unida a ellos.
Kalista observó con cierto placer burlón el cuerpo del hombre, se agacho y toco con sus etéreas manos el charco color carmesí que comenzaba a formarse en el suelo, acto seguido miro al cielo. Estaba orgullosa de lo que acababa de hacer, a ella nunca le dieron la oportunidad de vengar a las personas que se adueñaron de su vida, así que ahora su misión era vagar por la vida en busca de aquellos patéticos seres que se adueñaban de la vida otras personas.

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