miércoles

06/05/15: Mi primer día sin Matías.

Abrí los ojos como cada mañana, ignorante del vació que iba a reinar en mi vida en las horas posteriores, un vació que me acompaña aún hasta el día de hoy, un vació que sangra y me quema, que no me abandona, que esta ahí latente para golpearme en mis horas de fragilidad emocional. Tantee en la mesa de luz buscando mi teléfono móvil, buscando el único  nexo que había entre el y yo en ese momento. Lo encontré, sin aún abrir mis ojos encendí la pantalla, y entonces, la realidad me golpeo.
Tus palabras se grabaron a fuego en mi alma. Repase el mensaje una, dos, mil veces, pero no encontraba el sentido oculto en el, es que no había nada oculto, estaba todo a la vista, sólo que aún en ese momento me negaba a asumir lo que estaba ocurriendo. De hecho, en los años venideros, seguí negándome a aceptarlo. Aún hoy una parte de mi no quiere hacerlo.
Fueron tus últimas palabras. Destellos de una vida que no había siquiera comenzado, pero que ya se había ido. Partes insolentes de un existencia que en algún momento de aquella calurosa madrugada había decidido terminar.
Las lágrimas cayeron ferozmente desde mis ojos y encontaron la muerte en el dorso de mis manos, que se movían frenéticamente en el aire, gritando cosas que mi alma y mi voz aún no eran capaces de asimilar. Palabras calladas en un ambiente que súbitamente, se tornaba gélido.
En ese preciso instante, aún sin tener confirmación alguna, mi vida empezó a quebrarse. Algo se estaba rompiendo en mi, y recuerdo como el dolor se abría paso en mis entrañas, sentí el tacto frío del piso al derrumbarme, sentí el sonido que hizo mi corazón al romperse en mil fragmentos, que se hundieron en mi carne con el filo de millones de cuchillas. Por primera vez en mi vida, pensé que no iba a lograr sobreponerme a ello. Aún ahora, mientras escribo este texto, vuelvo a revivir la desesperación que sentí en aquel entonces.
Me abrace a mi misma, como si de esa forma pudiera mitigar un poco aquel torbellino de emociones que estaban aflorando en mi. ¿Dónde estabas? ¿Acaso tus palabras eran tan lapidarias como lo sospechaba?.Lo eran. Mientras yo cocía mi alma con tiritas de alambre, vos te encontrabas en otro mundo, acababas de abandonarnos.
No me acuerdo mucho más después de eso. Sé que fue la primera vez que necesité cortarme. Tenía que confirmarme a mi misma que aún estaba viva, que todavía podía sentir algo, aunque tan sólo fuera dolor físico. Rebusqué entre mis cosas algo con lo que pudiera terminar con mi vida, y encontré una hoja de afeitar. Desesperada la presioné con fuerza sobre mis venas, pero no logre cumplir con mi objetivo, algo superior lo evito, pero al mismo tiempo me sumió en el más letal y auto-destructivo de mis vicios: la auto-flagelación. Mientras la sangre salía a montones de la herida, de alguna forma, sentí que todo el vació que tenía dentro, se iba con ella.
Ese fue el primer día después de tu fatídica decisión. Ese fue mi primer día sin vos.

1 comentario:

  1. Hola solo quería decirte que me sorprendió tu manera de escribir, la verdad es que muchas veces me sentí como tu, vació hasta lo mas profundo de mi ser, triste y sin consuelo cercano. La verdad no me gustaría que nadie pasara por eso, solo me gustaria darte un buen momento y que sepas que vales por lo que eres no por que escribas algo o te vistas de alguna manera o hagas algo :) Dios nos ama tal cual somos y eso me ha liberado de verdad espero tengas una linda semana si quieres seguir hablando te dejo mi correo y sabre que eres tu :) asesoriascaptop@gmail.com

    PD: un abrazo cybernetico de mi y mi señora :)

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