jueves

26/05/16: Jamás uno... Sin el otro.

 Por Runaterra circula una historia muy hermosa, cargada de amor y soledad. Es la historia de aquel hombre de pálida piel y oscuros cabellos, que transitaba sus días sumido en un pesar inigualable, el motivo de su tristeza era no poder encontrar alguien o algo que le hiciera compañía en sus insípidos y amargos días. Su existencia transcurría en blanco y negro, aburrida, triste, solitaria, monótona. No podía ponerle fin, porque había sido condenado con la inmortalidad, no podía escapar a su destino, porque era lo único que lo motivaba a simplemente repetir cada día una y otra vez, esperando que en algún momento, ocurriera un milagro.
 La soledad era una invitada habitual en su vida, tan habitual que ya se había hecho a la idea de que sería así para siempre. ¿Cómo podía alguien querer permanecer a su lado cuando su misión era cazarlos y ponerle fin a su existir?. Todo ser viviente lo evitaba, casi como si se tratara de un leproso.
 La mayoría de las personas posiblemente no logren entender el enorme peso que acarrea la soledad. ¿Nunca sintieron que se ahogaban? ¿Nunca sintieron una opresión extraña en el pecho que les estrujaba el corazón y los obligaba a llorar? Eso es la soledad. Imaginen cuan horrible puede llegar a ser sentir eso todos los días, sabiendo que nunca va a cambiar, siendo consciente de que no hay esperanza alguna.
 El hombre veía pasar a las personas a su lado, ignorantes de su existencia, ignorantes de su anhelo por tener alguien que lo amará. La simple visión de dos seres vivos riendo se le hundía en el corazón como si fuera una afilada navaja. Ver a un grupo de amigos profesando su amor simplemente lo consumía por dentro y lo dejaba más vacío de lo que ya se encontraba. Toda visión o idea de una vida plena y feliz era una tortura para él. Lo único que deseaba con todo su ser, era encontrar a alguien.
 Solía pasar sus horas tirado en el suelo mirando el cielo, buscando con la mirada algún indicio de un creador, de un ser superior. Pero no encontraba nada, sólo nubes y más soledad. Fue entonces cuando recordó un mito griego que había escuchado en algún lugar lejano, en otra época, en una época donde disfrutaba de su existencia.
 ''Zeus, presa de un dolor de cabeza increíble, tomo un hacha y partió su cráneo a la mitad. De la sangre que emanó de la herida, nació Atenea, su más perfecta creación...''. Su cara fue cruzaba por una sonrisa por primera vez en mucho tiempo, una parte de él sabía que era sólo un mito, pero otra parte necesitaba comprobarlo. Sintió un extraño calor en su pecho: esperanza. Por primera vez en mucho tiempo sentía que su vida no tenía porque ser así.
 Camino en dirección a la casa de un viejo cuya vida había reclamado hacía bastante tiempo, un anciano que en sus años mozos se había dedicado a fabricar armas. Ingreso a la choza con cautela, aunque sabía que ese desgraciado nunca había tenido a alguien que se preocupara por él; la ironía de la situación lo hizo sonreír. Se dirigió hacía el fondo de la habitación y tomo una afilada hacha de la pared, sostuvo su peso en sus manos durante un rato. Dejo escapar una bocanada de aire, alzo el arma frente a si y dejo caer todo su peso sobre su cuerpo.
 Algo maravilloso paso, de su mitad izquierda nació un Lobo, tan negro como la noche, con un aspecto sumamente letal e impiadoso. Y de su parte derecha nació una oveja, tan pura y noble como la primer nevada de invierno.
 Se contemplaron mutuamente durante unos minutos, y se sonrieron. Entendieron que ya nunca más estarían solos en esta vida, pues a partir de ese día, se tenían mutuamente.
 Los habitantes de Runaterra los llamaron: Kindred.

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